martes, 18 de julio de 2017

Perdón


Dos jóvenes se encuentran y se enamoran a primera vista. Él es un estudiante de Filosofía que impresiona profundamente a la chica por su elaborado discurso intelectual; parece el hombre perfecto. Se trasladan a un pequeño apartamento, y en los días, semanas y meses posteriores no ven a nadie más. Pero empiezan a surgir sentimientos de malestar en la pareja.Pequeños signos, pequeñas rarezas que sugieren que las cosas podrían no ser como parecen... Esta novela explora el lado más oscuro de la vida cotidiana, con un realismo que raya en lo oníricoy absurdo, y un lenguaje que atrae y sorprende al lector mediante el uso del humor negro.

Quizás haya que ser joven para amar con esa furia, con esa ansia que no deja sitio para nada más. Quizás haya que ser joven y estar absurdamente enamorado para hacer locuras, para que el resto del mundo importe un rábano, para consagrarse a la relación como un devoto. Sí, a veces los amores son así, igual de beneficiosos que de agotadores, igual de luminosos que de oscuros. Es lo que sería un amor-huracán. Y esto es lo que vamos a hablar hoy, de atracciones irresistibles y de encuentros mágicos en la novela Perdón, publicada por Nórdica Libros –en una edición muy sugerente- y escrita por la joven Ida Hegazi Hoyer en la que se narra el enamoramiento a primera vista de un chico y una chica, y su posterior traslado a vivir juntos (a un apartamento pequeño, de grandes ventanas) y a la evolución (o la involución) de esta relación. Y todo es la vez tierno y cruel, maravilloso y sobrecogedor. Hablemos del amor cuando se parece a una locura.
            Los protagonistas son jóvenes, cultos, tienen inquietudes y están dispuestos a amar sin ningún tipo de cortapisas. Es por eso que se dejan llevar, que levantan el freno de mano y siguen siempre adelante, no importa adónde se dirijan. Perdón es la historia de uno de esos amores que salen en la tele, con los que sueñan muchos, pero en la que se enseña también la otra parte: la del desgaste, la de olvidarse de uno mismo, la de convivir con el ansia, con la impaciencia, con el miedo. Ida Hegazi hace un retrato abrumador de una relación de pareja y, como buena narradora, consigue implicar al lector, como si fuéramos el mejor amigo de uno de ellos, como si fuéramos testigos de cómo ese amor rueda cuesta abajo, cada vez a mayor velocidad. La autora no dulcifica nada, no lo infantiliza ni lo mitifica: el amor es así, con sus grandes regalos y sus grandes robos. Cuando se quiere de esta forma, la cara B es también igual de intensa: la soledad, el miedo, la necesidad de saber que todo sigue igual que ayer. O la tristeza al comprobar que no se han cumplido las expectativas, que todo era más bonito antes de que sucediera. 
            Hace falta tener muy claras cuáles son las herramientas narrativas con las que cuentas para abordar un asunto tan complejo y sin una acción potente detrás. La novela narra la subida a la cumbre y la bajada al valle. No hay más, bueno, sí lo hay, pero no puedo contarlo. Es una historia narrada con lentitud, sin prisas, y con un estilo preciosista, que se fija en lo poético y es que tiene capítulos que pueden leerse casi como una poesía. La autora maneja con soltura la musicalidad y la extensión de las frases –y eso que lo estamos leyendo traducido con mucho tacto por Cristina Gómez-Baggethun-, pero notamos que hay vida debajo de las palabras. La narradora es una de las implicadas, la chica de esta pareja, que lo cuenta todo desde su visión, desde su falta de perspectiva, porque ¿qué es estar enamorado sino perder la perspectiva de las cosas? 
            Perdón es una novela sobre lo que suelen decir los enamorados con el paso del tiempo: perdón por no haberte amado más o mejor. Lo que tenemos aquí es un retrato enternecedor y afilado de una pareja joven para la que el amor, en un momento dado, deja de ser suficiente. Entonces, se cuela la decepción, la tristeza, la asfixia. Es una novela lenta –sus cimientos no están en la acción- porque es así como se van transformando los sentimientos, las relaciones. Y cuando uno ama de esa forma –tan desaforada, tan exagerada- a veces sólo queda un final. Uno igual de ansioso, igual de impaciente, igual de grande.
            Esta novela ha ganado el Premio de Literatura de la Unión Europea. 

lunes, 17 de julio de 2017

El hijo de todos


Dakota del Norte, verano de 1999. Landreaux Iron dispara a un ciervo en la linde de su propiedad pero, al acercarse, descubre que ha abatido al hijo de sus vecinos: Dusty Ravich, de cinco años de edad y mejor amigo de su propio hijo, LaRose. Las dos familias han estado siempre muy unidas y los niños prácticamente se han criado juntos. Landreaux, horrorizado ante lo sucedido, busca consejo en las visiones y ritos de sus antepasado indios, quienes le descubrirán una manera de reparar en parte el mal causado. Al día siguiente, junto con su esposa Emmaline, entregarán al pequeño a los desconsolados padres de Dusty: «Ahora nuestro hijo será vuestro hijo». LaRose se convierte así en la piedra angular que mantiene en pie a ambas familias, permitiendo que su dolor comience lentamente a remitir. Pero la súbita intervención de un extraño, vendrá a poner en peligro el frágil equilibrio alcanzado...

Igual que hay gente capaz de desestabilizarte con sólo una mirada, igual que hay canciones que consiguen emocionarte desde las primeras notas, este libro tiene la capacidad de meterse dentro –del corazón, de la mente- desde la sinopsis. Ésta es la historia de un padre cazador que, por equivocación, mata al hijo pequeño de sus mejores amigos y, como compensación, decide cederles el suyo, de la misma edad que el fallecido. Desde que la leí no pude dejar de pensar en esta posibilidad, en este mundo posible. Y así, con este turbador planteamiento, al lector sólo le queda arrodillarse y dejar que la autora, Louise Erdrich, despliegue su talento y nos cuente cómo es el escenario que imagina, cómo evolucionan las relaciones de los personajes y cuánto costará superar el duelo para ambas familias. Sí, El hijo de todos es una de las últimas –y más atrevidas- apuestas de Siruela, que aparece dentro de la colección Nuevos Tiempos y que viene precedida por las alabanzas de varios autores de peso, entre ellos Philip Roth, que está convencido, como yo, de que es una de las voces más interesantes, más perturbadoras, más inquietantes del panorama literario americano.
            La premisa puede parecen rocambolesca al principio, en frío, pero tiene todo el sentido cuando empiezas a conocer el ambiente en el que se desarrolla la historia. Estamos en una reserva de indios americanos donde los conceptos de honor, de dolor y de compensación de la tragedia tienen otros significados, más profundos, más espirituales. Y así, de esta forma, podemos llegar a entender que el niño pequeño, el superviviente, pase de una familia a otra para cubrir un vacío, para pedir perdón, para restablecer el equilibro. Este cambio, evidentemente, desestabiliza las dos casas –me desestabiliza incluso a mí sólo con pensarlo-, saca a la superficie tristezas antiguas y rencores vivos, abre heridas ya cicatrizadas y evidencia que vivir es más complicado de lo que ellos creían. Pero es necesario hablar de esto para defender el poder del amor, del consuelo y de la compasión. Y mientras tanto, la autora es capaz de contagiarnos ese clima de tensión, esa pena que llega de todos sitios y que acaba manchándote, de arriba abajo.
            Louise Erdrich, la autora, no tiene prisa. Sabe que su historia se cimenta en los detalles, en las cosas pequeñas, en aquello en lo que no nos fijaríamos si camináramos rápido. Su estilo es preciosista, tiende a lo poético, a veces a lo mágico. Esta mujer sabe construir las escenas, sabe dejar a sus personajes que hablen y sobre todo sabe tocar, de una forma extraña, las fibras sensibles del lector. Todos, cualquiera, podríamos sentirnos dentro de esa familia, de esos dolores. El ritmo, eso sí, es calmado: no se esperen grandes batallas, grandes episodios de acción o giros de tuerca. No va por aquí la historia. Así que, si sois lectores impacientes o que se aburren con facilidad, éste no es vuestro libro. El hijo de todos habla del día a día, de lo cotidiano y, además, nos sirve para adentrarnos en el mundo de estos indios que tuvieron que adaptarse a una nueva civilización, aun manteniendo sus creencias, donde hay hueco para la magia y para las fuerzas desconocidas de la Naturaleza.
            El hijo de todos es una excursión por un bosque inmenso –miras hacia arriba y no ves la luz del sol-, acompañado por un guía que apenas habla tu idioma. Por eso, le damos la mano a la autora y dejamos que ella nos cuente, que nos lleve por las páginas y nos enseñe a los personajes, que nos coloque ante paisajes humanos fascinantes. Y al final, vemos la salida, la luz, otra vez la realidad, pero sabemos que venimos diferentes, que este viaje nos ha cambiado de alguna forma. Esta novela tiene algo que se queda pegado a la piel, es quizás esa forma de narrar tan descarnada, o quizás el pudor y la curiosidad al ver a los personajes tan desnudos, tan vulnerables. Y ésta es la vida, la comunidad, la religiosidad, el intento desesperado por ser feliz. De una vez por todas. Y para siempre. 

La sonrisa de los peces de piedra


Al morir su abuelo, Jaime descubre que hay un secreto familiar que su madre ha guardado durante años. En el Madrid de los años 80, la época de la movida, la madre de Jaime vivió algo que nunca ha contado a su hijo. ¿Quién es en realidad el padre de Jaime? Solo a través de un cuaderno que va escribiendo su madre podrá conocer la verdad. Esta novela ganó la XIV edición del Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil.

 La literatura juvenil tiene cada vez menos miedo. Me refiero a que le cuesta menos explorar nuevos territorios, sacudirse ciertos corsés y hablar de la vida sin tantos remilgos. Los adolescentes, en esa tierra media que está entre la niñez y la adultez, deben conocer el mundo como es, sin falsos disfraces, sin tontos silencios. Y hoy les voy a hablar de una prueba: La sonrisa de los peces de piedra, el último premio Anaya de Narrativa Infantil y Juvenil, escrito por Rosa Huertas y editado, cómo no, por Anaya, donde conocemos a Jaime, el hijo de una madre soltera que quiere saber quién es su padre, que quiere conocer de una vez por todas sus orígenes. Empieza aquí una investigación que conecta el presente y los años ochenta, la época de la movida madrileña y de los primeros pasos de la Democracia, y que sirve para conocer cómo era su madre de joven, cuáles eran sus sueños y sus debilidades. Y así, aparecen las ausencias y el duelo, las drogas, la música y la fiesta, los secretos, los silencios y hasta las mentiras, un cóctel estimulante y colorido, ingredientes todos de la literatura y la realidad.
            La vida (afortunadamente) está llena de misterios, y mucho más para un adolescente que descubre, casi sin quererlo, que sus orígenes no son los que él pensaba: en una visita al cementerio tras la muerte de su abuelo, encuentra a su madre llorando frente a la tumba de un desconocido. Nuestro protagonista entiende que ese hombre, un tal Santiago, tiene algo que ver con él y empieza a recopilar pistas, a atar cabos, a llegar a conclusiones con la ayuda de la hija de este extraño, recién fallecido. Fíjense el escenario que se dibuja aquí: una muerte –la del abuelo-, una madre soltera y un hijo que entiende que no le han contado la verdad. Tan turbador como la vida misma. Este viaje literario –se hace corto porque se lee en una tarde– nos lleva, como ya anunciaba antes, hasta la movida madrileña de los años 80, ese movimiento artístico cultural que surgió después del Franquismo como una reivindicación de las libertades, de la luz y de la experimentación. Sí, era la época de Alaska, Tino Casal y un montón de grupos más, como Kaka Deluxe, los años en los que los hombres se vestían de mujeres y las mujeres de hombres, en los que no había etiquetas y Almodóvar empezaba a hacer sus películas. Y con todas las ganas de libertad, llegaron las drogas, el sida y otras enfermedades. Todo esto está en la historia como un escenario estimulante, como parte de la historia de nuestros padres y de la historia de España.
            No se asusten. Está todo contado con honestidad, sin excesos ni fealdades, con una dulzura que se agradece. La historia avanza a buen ritmo, con el misterio bien dosificado y los personajes perfectamente definidos. La prosa se presenta sobria y concisa, sin grandes alardes: todo está al servicio de la trama, de la intriga y la sorpresa, de que ningún lector se pierda con los saltos temporales. Y entre esta desazón hay páginas para el amor –cómo no-, para la música y para los poetas románticos, lo que ayuda a crear un retrato creíble y consistente de los adolescentes.
            La sonrisa de los peces de piedra es capaz de mirar a sus lectores jóvenes a los ojos y decirles: os voy a contar una historia sin tonterías, sin enmascarar y sin mareos. Gracias a todo esto, queda una novela madura y valiente, directa como una charla con alguien que ha decidido contarte la verdad, toda la verdad. Porque la literatura juvenil tiene también la misión de contar la vida, de prepararnos para la vida. Y nos encontramos con temas preciosos: las relaciones madres-hijos, la identidad y la empatía, las cosas que uno se calla por no hacer daño a los demás.

jueves, 13 de julio de 2017

Entrevista a Laura López Alfranca

1— ¿Quién es Laura López Alfranca?
Un ente maligno pesado, muy pesado, que trata de escribir cuando la vida real le deja un hueco y cuando no, también. Suelo vivir imaginando otros mundos, otras situaciones… Vamos, estoy en la parra una buena parte de mi día a día y cuando puedo, lo escribo para ordenar un poco mi cabeza.

2— ¿De dónde surge esta historia de amor ambientada en Estados Unidos de dos almas gemelas, dos espíritus libres?
Fue uno de estos años de transición del mundo editorial y empezaban a buscar más historias con corte romántico más claro (soy de fantasía) y al ver esto, puse morritos y dije: “Pongo a Dios por testigo que voy a escribir una romántica”
¿Melodramática yo? Naaa, imaginaciones vuestras.
Lo curioso es que no fue la primera novela romántica que escribí, pero las otras no habían salido tan bien como cabría esperar (aka no las acabé o las acabé malamente). Sierra y Eric llegaron en una buena época, en la que me obligaron a dar dos pasos hacia atrás y reflexionar a dónde quería llegar con la escritura, sí, pero también en el cómo. Había olvidado lo mucho que me divertía escribiendo, ansiosa por llegar a plazos, entregas, antologías…
Escoger una localización estadounidense fue por una de las manías que tengo de que, cuando comienzo a escribir en una temática nueva en novela, busco un punto en común con el lector que sea sencillo para dar unos pasitos. En este caso, pues Estados Unidos… Y luego los personajes llegaron sin saber cómo y allí se quedaron para amenizarme algunas clases y tardes.

3— ¿Cómo definiríais a tus personajes?
He tratado que fueran lo más realistas posibles y expresar sus emociones de acuerdo a quienes eran y cómo pensaban. En muchos aspectos son iguales, han sufrido socialmente a causa de las características de uno u otro (machismo y racismo), lo que hacen que se fijen o interioricen determinadas actitudes: Sierra ve a través de Leelah que ha sufrido en un matrimonio tóxico, aunque en apariencia no lo fuera, Eric suele referirse a sí mismo en sus narraciones como amerindio, algo que le causa mucho orgullo (su parte escocesa no la saca a relucir casi nada, pero porque físicamente no tiene mucho en común con su padre caucásico).

4— ¿Quién es Sierra?
Sierra es cabezona e impulsiva, en parte esto es mío, pero también tiene una necesidad de cerrar las cosas a cualquier coste que no comparto. Es luchadora, cariñosa, trata de aprender de sus errores y muy familiar. Ella se siente que le falta por madurar, se vuelve a ver como una chica de 18 años porque se da cuenta de que hay cosas que le ha faltado por vivir.

 5— ¿Quién es Eric?
Eric  le parece a Sierra en muchos puntos: familiar, cariñoso, cabezón, luchador… Claro que la vida le ha llevado por otros lados y ha tenido que aprender a aceptarse por sus raíces tan dispares y los problemas que ha sufrido por ello. Aunque tiene cabeza, tiende a perderla cuando tiene a Sierra cerca.

 6— En esta novela tienen mucho peso los secundarios. Yo me quedo con Elisa y Leelah, ¿qué puedes decirnos de ellas?
Cada miembro de la familia O’Byrne o Munroe tienen sus cosas, lo que sí es cierto es que, por circunstancias de la historia, Lee y Elisa son las que más peso llevan. Una porque es la niña mimada de la familia y la otra porque comparte casa con Sierra.
Leelah es una adolescente muy inteligente que ha crecido en un ambiente muy femenino y feminista. Ha aprendido que puede ser realmente como quiera, lo que quiera y siempre tendrá mucho apoyo. Lo que le sorprende es encontrarse con que quiere ser escritora y no sabe cómo. A esta inseguridad se le junta los problemas en su instituto derivados de hacer lo correcto, por lo que está pasando un momento muy duro y doloroso. Pero como su madre y sus tías, es alguien luchador, valiente y alegre, dispuesto a recuperarse y ser feliz. Aunque si se le pregunta, ella responderá que tiene una espinita clavada y es no haber conocido a su padre, aunque Eric la cuida como uno (o como debería haberle cuidado su único tío).
Elisa es como su hermana y su hija, pero lo que nadie sabe es que tiene un fondo muy romántico y tiene un punto optimista que nada le pega con su trabajo de agente de la ley, cualquiera lo diría con la cantidad de crímenes que ha tenido que investigar. Es cabal, lógica y protege a los suyos a toda costa, por eso le cuesta hablar del padre de Leelah.

7— ¿La relación que tiene Sierra con sus hermanas está basada en la relación que tienes con las tuyas?
Un poco mezcla con mis hermanas y mis amigas. Me llevo muchos años con mis hermanas (muchos más que Sierra con las suyas), por lo que algunas situaciones de las novelas no estaban tan a mi alcance. Aunque sí he visto cómo se relacionan entre ellas y mis amigas con sus hermanas y tras comprobar que no era tan diferente a algunas de mis amistades, me fue fácil trasladarlo.

8—¿Quiénes son tus referentes?
Si alguien me pregunta a quién me quiero parecer de mayor, lo tengo claro: Terry Pratchett, Neil Gaiman, Ursula Leguin y Diana Wynne-Jones.

9—¿En qué proyectos estás metida ahora?
En varios relatos para recuperar el ritmo de escritura y empezando la novela de Elisa, además de corregir algunas cosillas. Un poco de todo, como siempre ^_^.

10—¿Alguna manía a la hora de escribir?
Lo que me sorprende es no tenerlas todas. Me gusta escribir cuando nada de la vida real está a la espera (trabajos, comer, dormir…) y con música, a veces tardo más en buscar una canción que encaje en una escena que en la escena en sí, pero si la encuentro, la cosa va muy fluida.

11—¿Cómo fue el momento de enterarte de que habías ganado el premio?
Me quedé mirando la pantalla y le pregunté a la editora si no se había confundido (sigo sorprendida, la verdad). Luego recuerdo quedarme sin aliento y decírselo a mi madre y a Laura Morales, que me gritó que le debía tartas (apostamos tartas a que no ganaba y ella a que sí).

12 —¿Qué motivos darías a los lectores para que lean Vida en pausa?
Si os gusta el romance con un poco de todo: ternura, pasión, humor, algunos momentos de tensión… y cuyos personajes no están solos con su amor, sino que tienen su propia vida, sueños y más personas que les ayudan y quieren (o que les putean), no dudéis en echarle un ojo. O dos incluso si preferís leer con los dos.

Y si tras echárselos quieres comentar, charlar o curiosear sobre mi vida, siempre te puedes meter en mis redes sociales (face, twitter, un bar…).

¡Muchas gracias a Anabel por la entrevista y a ti por leerla ^_^!

lunes, 10 de julio de 2017

Vida en pausa, de Laura López Alfranca


SINOPSIS: Para Sierra O’Byrne la vida lleva muchos años en pausa. Tras un año y medio estancada en Nueva York tratando de revivir un matrimonio muerto, una vida sentimental deprimente e intentar recuperar su carrera de fotógrafa, vuelve a la casa familiar en Mirror Hills. Con su familia y sus amigos apoyándola a pesar de sus propios problemas, Sierra está dispuesta a comenzar de cero y, por qué no, Intentar conquistar a su primer amor: Eric Hemene Munroe.
Aunque los años e innumerables musas han pasado por su vida, Eric sigue teniendo a Sierra bien clavada en el alma. Por eso, cuando Sierra vuelve a casa, no dudará en intentar conquistarla por cuarta vez (si no se le dan mal los cálculos). Qué le va a hacer si es un romántico incurable que sigue enamorado de su mejor amiga.
A pesar de su vida pasada y la sociedad, el amor y la pasión se imponen a todos los problemas que les llegan gracias unos amigos y dos familias dispuestas a ayudar para que los sueños de ambos se hagan realidad.
Vida en pausa, de Laura López Alfranca es la novela ganadora del IV Premio Romántica Kiwi RA. No es la primera obra que leo de esta autora y lo primero que tengo que de Vida en pausa es que he visto una evolución que me ha sorprendido para bien. Y digo que me ha sorprendido porque a la autora la conocía en otros géneros y se mueve bien en la romántica adulta.

Ya desde el inicio de la novela advertimos que Eric y Sierra son almas gemelas. Sin embargo, él tiene que ver cómo el amor de su vida se casa con un hombre que sabe que no la va a hacer feliz y que no la va a entender como lo hace. Para Eric no hay ninguna mujer que le haga olvidar lo que siente por Sierra.

Sierra, tras más de once años casada con Robert, al fin es consciente de que su matrimonio no funciona, de que es una mujer que ha estado anulada por un hombre que no ha querido nunca ni ha hecho el esfuerzo por entender que es un alma libre.  Para encontrarse a sí misma, sus verdaderas raíces, vuelve de nuevo a la casa familiar, donde es bien recibida por sus cuatro hermanas, su sobrina y sus padres.

Sierra se da cuenta de cuáles son sus verdaderos sentimientos con respecto a Eric cuando regresa a casa. Aun así, ella intenta alargar el encuentro con su alma gemela. Por otra parte, Eric siempre ha sabido lo que siente por Sierra. El reencuentro es dulce, a la vez que apasionado. Hay dudas por ambas partes, pero sobre todo por parte de ella, que desea estar divorciada y ser una mujer independiente e ir a por todas con su relación con Eric.

Sierra es una mujer que no sabe quién es, que está buscando enmendar los errores del pasado y aunque suene un poco incongruente, vuelve a tropezar en la misma piedra que en el pasado. Es consciente de que es imperfecta, y por esto mismo me gusta encontrarme una protagonista de este tipo de vez en cuando. Sierra, es quizás, el personaje más humano de esta novela. Es cierto que en alguna ocasión no he entendido sus decisiones, pero esto es un fiel reflejo de las veces que nos equivocamos.

Vida en pausa es una novela tierna, con unos diálogos ágiles y que se lee con fluidez. Considero que esta obra, además de hablar de la historia de amor entre Sierra y Eric también vemos que es una novela de personajes. Porque aquí tienen mucho peso la relación que tiene Sierra con sus hermanas y con su sobrina y cómo todas son una piña. Si atacan a una atacan a todas y saltarán como lobas para defender a su clan.

Aunque es una lectura ligera, en esta novela también se hablará del racismo que sigue imperando en la sociedad, da igual que esté ambientada en Estados Unidos. Eric es mestizo y siente que no encaja en ninguna parte, ni en la tribu de su madre ni como descendiente de irlandés. También se hablará de otros temas, como el bullying en un momento de la novela. Sin embargo, si por algo me ha gustado esta historia es porque habla del maltrato psicológico, que es mucho más difícil de detectar que el físico.

Eso sí, algunos encuentros románticos los he visto un poco forzados. Quizás en esta novela me gustaban más la relación que surge entre ellos que los encuentros amorosos.

Solo me queda comentar que es una lectura fresca que se deja leer muy bien. A mí, desde luego, me ha dejado buen sabor de boca.

viernes, 7 de julio de 2017

Entrevista a Alenxandra Roma

 1.      —¿Quién es Alexandra Roma?
Alexandra Roma es una madrileña/ conquense a las puertas de los treinta años a la que le gusta comer cosas ricas (si es la tortilla de mi madre mejor), viajar allí donde puede, ver todas las series del mundo y enamorarse del protagonista (Damon de Crónicas vampíricas y Bellamy de Los 100 son su clara obsesión), leer y contar noticias como periodista y escribir historias de ficción que ella siente reales en su cabeza.

—¿De dónde surge esta historia de amor con tres protagonistas tan diferentes entre sí? ¿Qué crees que puede aportar?
La idea surgió tras un bloqueo creativo por el que estaba bastante desanimada y muy inaguantable (santa paciencia la del gallego de ojos azules que me soporta). Me di cuenta de que no me podía obsesionar, tenía que dejar de perseguir a las musas como una loca y esperar que la ilusión por unos personajes volviera. Lo hizo una noche en la que estaba en el sofá con mi gata viendo Los imprevistos del amor y me imaginé una escena entre los dos protagonistas masculinos y supe que tenía que contar esa historia. Tanto es así que me puse a escribir el prólogo del tirón hasta las tantas de la madrugada y terminé con un berrinche de campeonato porque sabía que estaban ahí, que me quedaban meses con ellos, que volvía la emoción contenida, que gracias a ellos recuperaba mi momento favorito del día al lado del ordenador tecleando.
No sé qué puede aportar. Supongo que para cada persona una cosa. Lo único que puedo decir es lo que ha significado para mí. Hasta que el viento te devuelva la sonrisa ha sido todo un reto, una montaña de emociones, sufrir, enfadarme, enamorarme, apreciar a la familia, a los amigos, a las personas… Ha sido sentir. Un sentimiento nuevo al que me volví adicta

3.      —¿Cómo definirías a tus personajes?
Soy una autora de personajes. Me meto en su mente y me acompañan día a día, hasta que les entiendo, hasta que imagino diálogos por el placer de hacerlo sin ponerlo en papel, hasta que asumo que tienen defectos, virtudes, grises, que son humanos. Y así es cómo les definiría, como reales.

4.      —¿Quién es April?
La gente ve a April como la típica rubia animadora y popular. Sin embargo, April es mucho más. April es la risa de cerdo. April es bailar hasta que el viento se enreda en sus manos. April es exprimir segundos. April es entrega. April es un corazón en el que entras para quedarte.

5.      —¿Quién es Sam?
Sam es el hermano mayor de la mejor amiga de April. Es una de esas personas buena por naturaleza que ayuda por el placer de poder hacerlo, de los que inspiran, de los que te invaden con su aura y te hacen recordar que, a pesar de que hoy llueve a mares, tarde o temprano saldrá el sol.

6.      —¿Quién es Sebastian?
Este personaje es el gran reto de la novela. A primera vista podría parecer que es el típico chico duro que hace que las chicas se derritan con un guiño de ojo, pero simplificarlo es un error. El físico o su personalidad arrolladora es lo menos importante. Lo que realmente merece la pena de conocerle es saber que se trata de una persona fiel, amigo de sus amigos y que, lejos de lo que parece, lo único que busca es que alguien apueste por él sin saber si va a ganar, que se metan en su piel y no le abandonen. 

7.      —¿Quiénes son tus referentes?
¡Tengo muchos! Me gusta leer novelas de distintos géneros y en cada uno de ellos tengo mis autores favoritos. También me gusta dejar que los libros me sorprendan y soy muy dada a leer historias de las que no tengo referencias por el placer de descubrir nuevas voces. Si tuviera que decir alguno sería J. K. Rowling por el hecho de que yo era una niña que pensaba que la lectura era “aburrida” hasta que me sumergí en su universo mágico y mi universo cambió para siempre.

8.      —¿En qué proyectos estás metida ahora?
Terminé una novela después de Hasta que el viento te devuelva la sonrisa que saldrá publicada en 2018. Entre sus páginas está Julien Meadow y él ha sido, es y será el mejor personaje de todos los que he creado, al menos para mí. Con él me vacié de un modo que me ha tenido medio año sin poder escribir. Con él descubrí que un personaje puede retorcer tus entrañas, colarse en tu corazón y dejarte una huella imborrable que te acompañará el resto de tus días.
 
9 . —¿Alguna manía a la hora de escribir?
Solo una. Necesito su canción. Una con la que me imagino la historia como si fuera un tráiler de una película con las escenas sucediéndose. Su banda sonora. Unas notas que me transporten a ellos.

10.      —¿Crees que es importante tratar el sexo en este género y que se debería normalizar?
Si la historia te lo pide sí. Existe. Es una realidad. No es algo malo de lo que avergonzarse. Normalizarlo es alejarlo de un tema tabú. Eso sí, hay que saber al público que te estás dirigiendo y, en este sentido, no vale cualquier cosa, hay que intentar que sea sano, que sume y no reste.

11.      —¿Qué motivos darías a los lectores para que lean Hasta que el viento te devuelva la sonrisa?
¿Te he dicho que soy pésima en marketing (Risas)? No sé qué argumentos dar para que lo lean. Lo único que puedo decir es que afirman que el lector experimenta y siente lo mismo que el escritor mientras lo creaba. Pues bien, esta novela me ha devuelto la ilusión por escribir y me ha regalado unos meses maravillosos que atesoro en el baúl de los recuerdos a los que alguna vez quieres volver.

¡Muchísimas gracias por concederme esta entrevista!

lunes, 3 de julio de 2017

Todo lo que no puedes ver, Joan Llensa


SINOPSIS: Todo lo que no puedes ver, es una escalofriante colección de historias que nos llevan al límite de lo que damos por real". Jorge Magano.
Hay quien dice que el verdadero terror es el que procede de nuestro interior. Y si bien es cierto que la sociedad ha evolucionado a pasos de gigante, no ha ocurrido lo mismo con nuestros temores más profundos.
Abrir la puerta a Todo lo que no puedes ver es adentrarse en un peligroso y oscuro mundo que nos aterra. 23 relatos cortos que te harán sentir inquietud en un marco muy variado. Un viaje a través de una atmósfera de suspense, que te llevará a replantearte la realidad tal y como la conoces.
Los vecinos de al lado, la inmortalidad, la venganza, la reencarnación, un secuestro, el maltrato... cada uno de estos temas se entrelazan con lo sobrenatural, lo místico y lo fantástico para hacerte dudar de aquello que das por sentado en tu vida cotidiana.
Joan Llensa no pretende asustar. Este joven autor llega dispuesto a mostrar aquello que se oculta a nuestros ojos, a sorprender al lector cruzando con él la delgada línea que separa la luz de la oscuridad/la realidad de lo misterioso. Tras cada una de las historias, descubrirás un mundo que no pensaste tener tan cerca y que no podrás apartar de tu mente aunque cierres el libro.
¿Te atreves a cruzar la línea?

Antes de empezar la reseña, y sin desmerecer el trabajo de este autor, me gustaría decir que no soy impresionable con las historias de fantasmas, presencias extrañas, zombis, extraterrestres, y demás seres sobrenaturales. No recuerdo una novela, película o serie de las llamadas de miedo con la que haya pasado un mal rato. Puede que me provoque un sobresalto, y a veces me sorprendo de estar viendo algo que supuestamente es de terror y que la gente se tape la cara.  A mí me provoca miedo todo lo que puede ser real, lo que puede hacer una persona a otra. Eso sí, todos sus relatos tienen un sabor agridulce. Aunque todos tengan un componente misterioso, todos son muy cotidianos. Estas pequeñas historias le podrían pasar a cualquiera.

Todo lo que no puedes ver es un libro de 23 relatos más un epílogo donde encontramos historias variadas con un nexo en común. Todas o casi todas transcurren en la zona de la Garrotxa, un lugar que parece conocer muy bien.

Los relatos son breves y muy ágiles. No se va por las ramas y va directamente al grano, sin meter paja, un detalle que siempre suelo agradecer. Su primer relato es impactante y tiene un giro que me pareció interesante. El interés por esta obra no cae en ningún momento. Es cierto que hay unos relatos que me han llegado más que otros. Sin duda, el que más me ha gustado es El regalo, una historia con un final que te deja pensando en cómo puede cambiar tu vida en cuestión de segundos. También resalto las historias de Tom&Helen y Redención en Praga.

Todos los relatos están ilustrados por Iván Llensa, el hijo de Joan.  

Si os gustan los relatos de terror este libro puede ser una buena opción y se lee en dos ratitos.


domingo, 2 de julio de 2017

Qué leo


Sumergida entre estas páginas de Corazón elástico, de Elena Montagud. Creo que va a ser la novela que más me ha gustado de ella. Además, noto una evolución muy grande desde la primera obra que leí de ella. Gracias por escribir con tanto sentimiento.




Por cierto, la portada me encanta. Me parece muy apropiada para esta novela. ¿Y vosotros, qué leéis?





jueves, 29 de junio de 2017

Hasta que el viento te devuelva la sonrisa, Alexandra Roma


SINOPSIS: April lo tenía todo: el chico de sus sueños, una beca para una prestigiosa universidad y un prometedor futuro en Nueva York. Pero a veces la vida golpea y zarandea, y solo hicieron falta dos faros cegadores y un hombre desesperado para que le arrebataran su soñado final de cuento de hadas.
Tras el trágico accidente, su presente está en ruinas y April se aferra a los recuerdos y a un futuro incierto. Sin embargo, justo cuando menos se lo espera, regresa un fantasma del pasado. Alguien que se ha roto y recompuesto tantas veces que puede tener la fórmula para que ella también lo logre.
 
Hasta que el viento te devuelva la sonrisa es la novela ganadora del V premio La Caixa-Neo Plataforma de novela juvenil. También tengo que decir que es la primera novela que leo de esta autora y me ha cautivado, porque esta es una historia que te estremece desde casi la primera página.

Es difícil que haya dos chicos y una chica en una trama y que no haya un trío. La autora lo ha conseguido, porque esta novela habla de cómo se entrecruzan las vidas de Sam, Sebastian y April y de cómo cada uno de ellos tiene importancia en la vida de los otros dos.

A April le cambia la vida en un segundo. Sam es el hermano mayor de su mejor amiga, Lily. Tras un accidente de coche, del que ella logra escapar milagrosamente, le toca volver a empezar a recomponer su vida sin la persona que ama. Sam está en coma y todo parece indicar que va a ser casi imposible que salga. Ella no es consciente de que se quedó en el pasado, en los momentos anteriores al accidente. Está deprimida. Y por mucho que lo visite todos los días, con la esperanza de que cambie algo, no sucede nada de lo que ella espera. Ella va recordando cómo fue su historia desde el inicio. Cada vez que se marcha de la habitación, ella le pide que abra los ojos.

También tenemos la historia de Sebastian, un chico al que la vida no le ha tratado nada bien. Siente ira, rabia por todo lo que ha perdido y porque solo piensa “golpear” a la vida como ella ha hecho con él. Sin embargo, no es consciente de que se está autodestruyendo y de que nada de lo que hace logra sacarlo de esa espiral. Detrás de la fachada de tipo duro se esconde alguien que tiene miedo a sentir.

Esta es una novela larga, dividida en tres partes muy necesarias para ver cómo los caminos de cada uno de ellos se cruzan. En esta obra podemos encontrar sentimientos a flor de piel, porque esta es una sola historia de amor, aunque haya tres personajes implicados. Al menos es como yo lo veo.  

Es cierto que es un relato muy dramático, y que a veces he sentido que el corazón se me quedaba en un puño. También es cierto que a veces, para aliviar la carga emocional, hay escenas en las que te relajas. Las escenas más divertidas son gracias a unos secundarios de lujo. Lily y su hermana Clary y a su amiga Claire.

Hay otra cuestión que me ha gustado también bastante y que le doy mucha importancia a una novela. Los diálogos son muy ágiles y tienen chispa. He llegado a adorar las puyas que se lanzan April y Sebastian.

Quizás, la única pega que puedo ponerle, que tampoco es una pega, es que pensaba que era una novela juvenil, cuando es más New adult, aunque yo noo tengo ningún problema con leer ambas opciones.

Resumiendo, Hasta que el viento te devuelva la sonrisa es una novela que me ha llegado y me ha dejado buen sabor de boca. No será la última novela que lea de esta autora.

lunes, 26 de junio de 2017

La musa


Andalucía, 1936. Con la guerra civil a punto de estallar, Olive Schloss, hija de un marchante de arte vienés y una heredera inglesa, vive con sus padres en las afueras de un pueblo apartado. Allí traba amistad con la joven criada, Teresa Robles, y con su hermanastro Isaac, un pintor idealista que da clases en Málaga. Al poco tiempo, Olive consigue burlar la voluntad de sus padres urdiendo un plan que desatará una cadena de mentiras y secretos. Londres, 1967. Odelle Bastien, una joven llegada de Trinidad, ha conseguido por fin un trabajo de mecanógrafa en el augusto Instituto de Arte Skelton bajo la tutela de la codirectora, Marjorie Quick. A pesar de que ésta le otorga toda su confianza, Odelle percibe en ella cierto halo de misterio, que se intensifica con la aparición de una obra maestra perdida durante la guerra civil española, un enigmático cuadro cuyo autor podría ser el desaparecido Isaac Robles.
No habría arte sin los artistas. Y quizás tampoco sin las musas (o los musos): esas cosas, personas o imágenes que se convierten en el motivo y la excusa de una obra, esos altavoces de la inspiración, los canalizadores de la belleza y de aquello que merece ser eterno. Sí, vamos a hablar de arte, de autores y también de amores en una de las últimas apuestas de la editorial Salamandra, La musa, una novela con tintes históricos, que nos ubica en dos escenarios temporales para hablarnos de un lienzo misterioso, de varios artistas con talento y de una sociedad difícil, preocupada por comer y por sobrevivir. La autora, Jessie Burton, les resultará familiar porque, hace un par de veranos, estuvo en boca de todos gracias a La casa de las miniaturas, también publicada por Salamandra y en la que nos trasladaba a Ámsterdam en el siglo XVII para hablarnos de la afición de una joven por una casa de muñecas pecualiar. Vuelve a repetir varios patrones –para qué cambiarlos si funcionan– como esa fuerte presencia histórica, el misterio y la intriga bien dosificados y una bien trabajada cotidianidad en el argumento, es decir, la trama avanza serena, sin muchos grande sobresaltos, sin grandes sorpresas.
            En los años 60, en Londres, unos jovencitos investigan sobre el origen de un bellísimo cuadro que la madre de uno de ellos le ha dejado como única herencia. Algo antes, justo antes de la Guerra Civil Española, nos trasladamos a un pueblo de Málaga donde conocemos cuál fue el proceso de creación de ese lienzo y cuál fue su aventura hasta parar a manos ese joven huérfano. Las dos historias están conectadas por el arte y, fíjense, por el papel de la mujer-artista. La novela está narrada desde el principio con tanta sensibilidad, con tanta ternura, que uno no tiene claro el motivo, pero sabe que lo que lee le está gustando. ¿Por qué?, se preguntarán. Por un estilo cuidado –derrocha sutileza–, por unos diálogos bien construidos y fácilmente reconocibles, por una contextualización creíble –sobre todo la de la España de la preguerra–, y sobre todo, porque al fin y al cabo toca temas universales: el amor, la pasión y, cómo no, los secretos. ¿Qué sería de los seres humanos sin secretos? Pues que seríamos aburridísimos, que perderíamos parte de nuestro encanto. Y así, La musa va tejiendo sin prisas una historia entre esos dos lugares y dos épocas con una base común: el arte, y su capacidad de conmover, de pervivir, de sobrevivir al autor.
            Podría hablarles de lo que bien que está trabajado el argumento para mantenernos alerta sin grandes artificios y sin incomprensibles vueltas de tuerca, podría hablarles de las mujeres protagonistas –son ellas las que provocan la acción, las que son adelantadas a su tiempo, las que imprimen carácter a la historia–, podría hablarles de la documentación que sostiene la novela, como vigas de madera, pero quiero decirles que, debajo de todo esto, hay interesantísimas reflexiones sobre el arte y sobre el proceso creativo. Uno de los personajes llega a decir que cuando una obra tiene mucho éxito, el público se apropia de ella y destruye al autor. Quizás los autores son lo menos importante de la ecuación, quizás la obra echa a andar sola en el momento en el que el autor dice: fin. Y es así como comprobamos que el arte –y por ende, la belleza, o cualquiera que sea capaz de provocarnos algo- forma parte de la vida de igual manera que el amor, la muerte o las ausencias. El arte como uno de los grandes anclajes del ser humano, como una de sus salvaciones necesarias. El arte, como antídoto contra el aburrimiento, como arma para ganar una guerra.
            Leerán La musa y se quedarán como si estuvieran posando para un retratista: inmóviles, embobados, con la mente pensando en ese cuadro misterioso y en esas mujeres valientes. Jessie Burton tiene una ternura especial para construir historias sencillas que agradan, que entretienen y provocan afecto. Además, habla, de una forma soterrada, del papel de la mujer en diferentes sociedades y, sobre todo, en la creación artística. ¿Cómo son las obras creadas por ellas? Y es una autora la que se lo pregunta y la que nos habla de esto. Abandónense a esta lectura, porque, con este calor, con esta luz, no veo nada mejor que refrescarse con historias de amor y de arte. ¿Y es que hay algo más bonito que ese binomio? Se lo digo yo: no.

Lingo


Bienvenido a Europa como nunca la has visto: a través de las peculiaridades de sus idiomas y dialectos. Gaston Dorren mezcla la lingüística y la historia cultural y nos conduce a un fascinante tour por el continente, desde el protoindoeuropeo (el antepasado común de las lenguas Europeas) hasta el ascenso del inglés, pasando por las complejidades de los plurales del galésy la pronunciación checa. Por el camino aprenderemos por qué el esperanto no prospera, cómo ha sobrevivido el idioma de Guillermo El Conquistador y por qué el finés es el idioma europeo más fácil de aprender. ¿Preparados? Sorprendente, ingeniosa y lleno de datos extraordinarios, Lingo cambiará nuestra forma de entender el lenguaje.

Está de moda el turismo diferente. Ya parece casi un signo de vulgaridad hacer un viaje normal –eso de madrugar y pasear, ver monumentos a toda prisa y volver al hotel con los pies llenos de ampollas–. Ahora, lo más demandado es el turismo de aventuras, de inmersión en el destino, de rutas desconocidas, o el de voluntariado. Por ejemplo, quedarse en una granja y ayudar a los granjeros, dormir en mitad del desierto, perderse en la selva. Pues abran bien los ojos porque les traigo una propuesta a la que es muy difícil decir que no. Preparen las maletas, y no se preocupen por el presupuesto, porque no les dolerá el bolsillo. Nos vamos lejos. ¿Adónde? Al pasado, a la esencia misma de lo que somos, a nuestra historia como comunidad. Sí, señores, hablo del idioma, de lo que nos permite comunicarnos y construir historias, lo que nos une y lo que también nos separa. Y no pongan esa cara, que no vamos a escarbar en algo tosco, duro y soporífero sino que vamos a acercarnos a un tema apasionante, curiosísimo y divertido, algo parecido a una montaña rusa. Lingo es el nombre de una de las últimas apuestas de la exquisita editorial Turner en la que Gaston Dorren consigue apasionarnos con su particular historia de las lenguas en Europa porque aquí hay invasores lingüísticos, lenguas que son una ruina y que están congeladas, palabras que están a punto de desaparecer y otras que acaban de nacer, y hasta hermanos que no se hablan o que han tomado caminos diferentes. Bienvenidos a este apasionante paisaje lingüístico.
            ¿Por qué en España hablamos como una metralleta? ¿Por qué decimos que el gallego es la madre del portugués? ¿Por qué hay un diccionario noruego-noruego? ¿Por qué el islandés no ha evolucionado nada en los últimos siglos? ¿Por qué la lengua francesa tiene esa fijación con el latín? ¿Por qué los niños del país aprender el luxemburgués y después dejan de usarlo? ¿Por qué los suecos, antes de 1967, sólo hablaban de tú a los niños? ¿Qué sabéis de polari, esa criptolengua creada por los homosexuales a principios del siglo XX para huir de la persecución policial y sobrevivir? Pues todas estas y muchas (muchísimas) preguntas más quedan resueltas en este libro, Lingo, estructurado en pequeñas historias independientes, contadas con la naturalidad del que habla una noche junto a una hoguera. Y éste es uno de los grandes aciertos –aparte de su profesionalidad– de este estudio: la cercanía del autor, su indiscutible pedagogía, su capacidad de contarlo como un cuento. Su estilo es llano, sencillo, con cierta tendencia a la ironía. Él maneja con profesionalidad la forma de dejarnos pegados a las páginas.
            A Gaston Dorren se le nota que le apasionan las lenguas –y la relación de los humanos y las sociedades con ella– y encima, es un gran comunicador porque es capaz de hacer un tema, en apariencia lejano, fácil, interesante, curioso. Esta lectura nos ayuda a conocer que las lenguas son algo vivo, que cambian y mutan, y que negarse a esta evolución es imposible y una pérdida de tiempo. El autor se erige como un guía fantástico: es capaz de contarnos las anécdotas, de señalarnos con el índice los paisajes más bonitos, de darnos un respiro y de asegurarse de que entendemos todo lo que nos cuenta. Gracias, Dorren, por este recorrido, por enseñarnos a mirar Europa con otros ojos, con otro cariño. Lingo, además, funciona en una doble dirección. Por una parte, fascinará a los interesados en el tema y por otro, creará curiosidad en los que nunca han estudiado el tema.
            Lingo es casi un libro de relatos sobre la vida de las lenguas. Rezuma pasión, está cuajado de cientos de historias: remueve, conmueve, convence y enseña. Y leyéndolo nos sentimos niños, nos sorprende, sonreímos de empatía. Gastón Dorren ha conseguido, de la mano de Turner, darnos un maravilloso paseo por la Europa desde el punto de vista lingüístico. Y qué estimulante, qué curioso, qué delicia. Y como les decía antes, ¿no hablábamos del turismo? Pues vamos a ser turistas lingüísticos. Y lo mejor es que lo vamos a disfrutar. Háganme caso y tengan en cuenta esta pequeña joyita. 

sábado, 24 de junio de 2017

Entrevista a Marisa Sicilia

1—¿Quién es Marisa Sicilia?
Alguien que desde que tiene memoria se recuerda leyendo e imaginando sus propias historias, pero que solo hasta hace relativamente poco se animó a ponerlas por escrito. Por lo demás soy más bien tímida, no me gusta demasiado ser el centro de atención, pero sí disfruto charlando de libros, de personajes, e incluso de cosas que nada tienen que ver con la ficción.

2 —¿De dónde surge esta historia de entre guerras en la Viena de los años 20 y el Berlín de los años 30? ¿Qué hay detrás de todo el trabajo de investigación?
Surge con la idea de un amor que pasa por diferentes momentos según avanzan los años, una historia de separaciones y reencuentros y de protagonistas que cambian a la vez que lo hace su mundo. En un primer momento pensé en comenzar en los años previos a la Primera Guerra Mundial, pero no me cuadraban las fechas, entonces hice el clic: Viena, postguerra, el salto a los años veinte, el baile de debutantes y el periodo de Entreguerras con el Berlín más icónico y transgresor de fondo, todo lo que podía haberse evitado y sin embargo ocurrió y que concluía con esa vuelta al inicio. Supe que tenía que escribirla.
Y en cuanto a la investigación, fue la mejor forma de sumergirme en la historia. Leer las memorias de Hemingway o releer Adiós a Berlín de Isherwood, encontrar los escenarios, coleccionar imágenes tanto de mujeres anónimas como de divas posando desnudas y seguras de sí mismas, redescubrir las vidas de intelectuales y artistas que se vieron zarandeados por su tiempo. Es una época tan bonita, tan llena de libertad y nuevas ideas, de ruptura y a la vez con consecuencias tan oscuras, que quiero creer que como Lilian y Andreas podemos aprender de nuestros errores y evitar que algo parecido vuelva a repetirse.

3 —¿Cómo definirías a tus personajes?
Son obcecados, cometen fallos y tratan de corregirlos, pero no siempre lo consiguen. Tienen debilidades, en ocasiones son egoístas y piensan ante todo en cómo esta o aquella situación les afectará a ellos, también pueden ser generosos. Son humanos.

4 —¿Qué destacarías en Lilian?
Destacaría su evolución, desde que es poco más que una adolescente algo ingenua hasta convertirse en una mujer madura que hace frente a sus responsabilidades. Destacaría también su amor a toda prueba hacia Andreas. Y aunque es uno de los puntos delicados de la novela, porque Andreas no se lo pondrá nada fácil, estoy convencida de que ese amor de Lili no es ciego ni injustificado. Se basa en lo mucho que les une y en la capacidad de perdonar, pero no solo los errores de Andreas, también los propios.

5 —¿Qué destacarías en Andreas?
Que es de esos hombres que no puedes evitar querer, aunque sean imperfectos y no en todo momento estén a la altura, porque no siempre son capaces de superar sus propios demonios, pero tampoco pretenden arrastrarte con ellos. Para Andreas, Lilian representa la mejor parte de él, la que nunca querría perder, y precisamente por eso, para no perderla, más de una vez se alejará de ella.
6 —Aunque es un personaje secundario, creo que tiene peso en la novela, ¿qué destacarías de Mark?
Mark es de esa clase de hombres a los que no les importa luchar, incluso aunque sepan de antemano que la batalla está perdida. Está embarcado en el intento de frenar una guerra que prevé inevitable, se preocupa por una mujer cuyo corazón sabe que pertenece a otro. Es realista y no se engaña, pero además es un buen hombre. Me gusta Mark y es cierto que pasa un poco de puntillas por la novela, pero es que necesitaría una historia aparte y por desgracia no terminaría bien.

7 —¿Alguna manía a la hora de escribir?
La de ir por orden y no avanzar hasta que estoy conforme con lo último que he escrito. Escribo cada capítulo en un documento aparte y lo leo y lo releo hasta que siento que está “bien”. Es entonces cuando lo uno al documento principal y ya puedo empezar con otro. Seguramente no es el modo más rápido de avanzar, pero me funciona. Me da cierta seguridad en que voy por el camino correcto que de otra forma no tendría.

8 —¿En qué proyectos estás metida ahora?
Estoy dando los últimos toques a una historia completamente diferente. De absoluta actualidad, con una trama que tiene un componente importante de acción, un protagonista masculino comprometido hasta el punto de que es agente de los grupos especiales de intervención, una protagonista femenina difícil de encajar en los moldes y un París nocturno que es más que un decorado de fondo. Todavía estoy con la resaca tras la publicación de El último baile, pero sé que dentro de nada estaré más que impaciente por que conozcáis a Mathieu Girard y Nadina Nagareva.

9 —Qué motivos darías a los lectores para que se adentren en El último baile.
Les diría que es una historia de amor distinta, romántica en un sentido diferente, porque en ella el amor no siempre es suficiente para salvar los obstáculos y, sin embargo, perdura a pesar de las dificultades. Van a encontrar momentos tristes y otros muy luminosos, como en la vida misma, que está llena de altibajos, pero que merece la pena vivirla con todo. Yo espero que cuando la leáis también penséis que ha merecido la pena y desde ya os agradezco la oportunidad, y a Anabel, el cariño y que me hayas dejado este espacio en tu casa. Muchas gracias por todo.





miércoles, 21 de junio de 2017

Meretrice, Lola P. Nieva


SINOPSIS: Meretrice, Lola P. Nieva
Alessia pasa por momentos delicados: su marido la ha abandonado por su secretaria, su trabajo de agente inmobiliaria está en pleno declive y, para ella, su existencia deja de tener sentido. Justo cuando toma la decisión de rendirse, recibe una carta póstuma de su abuela Ornella, a la que nunca conoció, en la que esta le revela el motivo que la alejó de la familia: su obsesión por desentrañar un antiguo misterio oculto en el diario de una antepasada, Alonza di Pietro, una afamada meretriz del siglo XVII. Alessia descubre los turbios secretos de alcoba de hombres de alcurnia y estado, pero también el coraje de una mujer que gobernó su destino con sabiduría y fortaleza y que intentó huir del amor sin conseguirlo. Con la ayuda del apuesto y enigmático criptógrafo Luca Vandelli, deberá seguir la pista de algunas claves ocultas y enfrentarse a un peligro imprevisto: volver a amar. Una vida que esconde un secreto y que contiene la clave para salvar el presente de Alessia.
Meretrice es una novela que combina dos historias, una en el pasado, en concreto en la Venecia del siglo XVII, y otra en la actualidad. Aunque ambas historias me han parecido muy interesantes, tengo que decir que los hechos que pertenecen al pasado, la que corresponde a Alonza y Lanzo, me han atrapado mucho más. La autora hace un retrato de cómo pudieron ser los últimos años de esplendor de Venecia, una ciudad que a día de hoy sigue maravillando al mundo entero.

Alessia está atravesando momentos difíciles. En su camino se cruza la carta de su abuela, un diario que perteneció a una antepasada suya, Alonsa di Pietro y un canalla deslenguado que guarda más de un secreto. Poco a poco, mientras Alessia va descubriendo la vida de Alonza, por las dificultades que tuvo que pasar y cómo se hizo a sí misma, va tomando las riendas de su suya propia. Si bien las vidas de ambas mujeres no son del todo paralelas, sí que es cierto que ambas renacen de sus cenizas cuando han tocado fondo.

La Alonza que conocemos al inicio del diario, inocente y confiada, no tiene nada que ver con la mujer en la que acabó convirtiéndose. Esta es una mujer que descubre hasta dónde es capaz de llegar sin más recursos que su inteligencia y un carácter inquebrantable. Me ha parecido curioso que el declive de la ciudad corresponde con los últimos años de Alonza.

Alessia es una mujer que aún no sabe de lo que es capaz. Está perdida, duda de sí misma y de todo lo que le rodea. Esas dudas la hacen desconfiar en muchas ocasiones de Luca, aunque al mismo tiempo siente una poderosa atracción hacia él que no puede evitar.

Lanzo es el eterno enamorado de Alonza, un hombre que parece no tener nada que ver con su padre y sus dos hermanos. Es una víctima más de la maldad de su familia. Como Alonza, es un hombre que no se conforma con su destino, sino que lucha para recuperar lo que las circunstancias le arrebataron.

Por último tenemos a Luca, un hombre que sabe lo que quiere, sagaz, encantador de serpientes y desvergonzado. Junto a él, Alessia se embarcará en una investigación, no exenta de peligros, para descubrir qué esconde el diario de Alonza y el tesoro que parece que escondió en una isla maldita, que a día de hoy está prohibido visitarla. Él parece jugar en muchas ocasiones con ella, aunque también es cierto que Luca le demuestra en muchas ocasiones que es fiel a ella.

Aun siendo una novela larga e intensa, es una historia ágil y que se lee en un suspiro. A mí me ha atrapado casi desde la primera página. Al menos a mí me ha durado apenas tres días. Sin embargo, tengo que decir que había ciertas partes que me recordaba a fórmulas que ha utilizado en otras novelas, por lo que no me han sorprendido ciertos giros.

Meretrice es una novela con la que he disfrutado mucho, una historia que habla de venganzas, pero también de segundas oportunidades, y donde el destino juega un papel importante.

lunes, 19 de junio de 2017

Azul de medianoche


Holanda, 1654. Es el siglo de oro neerlandés, el tiempo de las ideas de Spinoza, cuando el arte de Vermeer y Rembrandt florece junto a los tulipanes que salpican de color la campiña holandesa. Allí, en una granja, Catrijn, nacida y criada en la pobreza, vive infelizmente casada; sin embargo, son tiempos de cambio, también para las mujeres. Tras enviudar, Catrijn sabe que ha llegado el momento de afrontar por sí misma el mundo que la rodea: buscar fortuna en la ciudad, acaso enamorarse y, por qué no, perseguir su gran sueño: llegar a ser decoradora de cerámica. Comienza así un recorrido que la lleva a la gran Ámsterdam y a las fábricas de cerámicas de la ciudad de Delft; lugares donde transcurre la historia y en los que las mujeres valientes como ella son capaces de forjar su propio destino.

Hay cosas, personas, situaciones imbatibles para contagiarnos armonía, para calmarnos y dejarnos en un estado parecido al bienestar: un amigo que habla bajo y dulce, el tacto de la seda en las mejillas, un cuadro de Sorolla o de Vermeer, una playa en otoño y, por supuesto, leer Azul de medianoche. Sí, la novela que publica ahora Duomo Nefelibata y que está escrita por Simone Van Der Vlugt es como darse un baño de agua tibia rodeado de velas: una historia sin grandes sobresaltos y sin acciones explosivas, sin persecuciones y sin muertes truculentas, pero de una suavidad y una ternura que hacen sentir cómodo, que se disfruta como una caricia en la piel. Ambientada en Holanda a mediados del siglo XVII –qué época, ese florecimiento del arte y el comercio–, puede recordar a ese gran éxito que fue La casa de las miniaturas, pero ésta tiene un Je ne sais quoi irresistible, que no consigo ver de dónde viene, pero que es como un aura que se contagia. Es ésta la historia de una mujer que se mancha las manos con colores, es una historia sobre el amor y el arte.
            Catrijn es la protagonista de este Azul de medianoche, una mujer diferente, adelantada a su tiempo y, posiblemente, el gran valor de esta novela. ¿Por qué? Porque se convierte en una heroína en el momento en el que decide luchar por su felicidad, y dinamitar esas convenciones sociales de casarse y someterse al marido. Fíjense si es una mujer única que conocemos su afición al arte, su inteligencia manifiesta, la forma de enfrentarse a los problemas. La protagonista no podría brillar tanto sin un escenario a su medida, y es aquí donde la autora, Simone Van Der Vlugt, despliega sus encantos: es capaz de meternos en la época y en el lugar, se centra en lo cotidiano, en el día a día, en los pequeños detalles, ¡y eso se agradece! Qué sutil todo, qué delicado a la hora de hablar de ese interesante contexto en el que el negocio de la cerámica vive uno de sus mejores momentos y se hace popular en toda Europa. Entramos en los talleres de los pintores, en el horno de los ceramistas, en el cuarto de los pinceles y los bocetos. ¡La vida es más bonita rodeada de arte! Esta historia se enmarca en el género de las novelas costumbristas en la que lo que pesa es ese entorno, poblado también por personajes reales, como Rembrandt, que tiene un diálogo muy curioso con la protagonista.
La autora demuestra que no necesita grandes giros de guion ni tampoco increíbles vueltas de tuercas para construir una historia interesante y suave, que mantiene pegado al lector porque las páginas se van pasando casi sin darnos cuenta, como se acaricia la seda. Además, está escrita con una tremenda sensibilidad: las frases como pinceladas, van dibujando un lienzo luminoso y estimulante, un paisaje carismático que llena los ojos, que provoca cosas. Y frente a los personajes –aparte de Catrijn, el resto son secundarios, sin grandes descripciones, presentados con trazo gordo-, está el arte, en especial la pintura y la cerámica, que viven un momento dorado en los Países Bajos en el siglo XVII. ¡Qué ganas de ir a Amsterdam!  
            Azul de medianoche es un color carismático, es casi la llegada de la noche y el umbral de la felicidad, pero sobre todo es un homenaje al arte y a las mujeres que, desde el anonimato, fueron valientes y desafiaron las normas establecidas. Simone Van Der Vlugt nos cuenta una historia sobre esas heroínas que no aparecen en los libros de historia, pero que contribuyeron al cambio del mundo, que lucharon por lo que creían. No es más que un viaje iniciático para buscar eso tan esquivo como la felicidad. Y aquí están la pasión, la belleza y, cómo no, el amor. Asómense a la ventana y busquen este Azul de medianoche: una brisa en estos días de bochorno, una historia amable en una época de retorcidos argumentos. 

Fruta prohibida


En los momentos cruciales de su infancia, Jeanette Winterson siempre tenía a mano una naranja: la agarraba, la pelaba y la comía como si esta pieza de fruta fuera a consolarla de todos sus males. Más tarde descubrió que existía fruta distinta, más sabrosa, pero había que comerla a escondidas, lejos de las habladurías de la gente y de la mirada inquisidora de su madre; era fruta prohibida, pero valía la pena correr el riesgo y disfrutar de aquella delicia. Adoptada por un matrimonio evangélico de una pequeña ciudad industrial inglesa, Jeanette Winterson creció a la sombra del fervor religioso de toda una comunidad. Los primeros años de su vida fueron un ir y venir entre feligreses seducidos por los sermones y las palabras de la Biblia, el único libro que circulaba por su casa, pero cuando tenía poco más de diez años la niña supo que ella era distinta y que las leyes de su cuerpo la llevarían a descubrir otra forma de amar.

Sólo me he marcado una meta con esta reseña: que conozcáis a Jeanette Winterson, que la améis o la odiéis –así son las grandes personalidades, los genios indiscutibles–, que sepáis de su relación salvadora con la literatura, que vuestro oído se haga a su estimulante prosa, a sus estrambóticas historias. Sí, hoy hablamos de una de las apuestas más aplaudidas de la editorial Lumen: recuperar parte de la obra de esta interesantísima autora británica –nació en 1959–, adoptada, lesbiana y activista, y fuertemente condicionada por la religión desde pequeña. Fruta prohibida es la novela de la que hablamos hoy, una historia autobiográfica sobre la niña que fue, sobre sus primeros escarceos amorosos (y censurados), y sobre esa relación tan obsesiva con Dios, y sobre todo con el Demonio, por culpa de su madre, que siempre quiso que fuera misionera, que fuera digna del Creador. Fíjense, a los seis años ya escribía sermones para la iglesia, que recitaba ante decenas de feligreses.
            Si la propia Jeanette –la que la autora va construyendo a partir de sus recuerdos y sus invenciones– es la protagonista de Fruta prohibida, el Demonio sería el antagonista. No se entiende a la una sin el otro, no estaría justificada la presencia del Diablo sin ese miedo atroz a la maldad, al infierno, al pecado. Dos gigantes en una misma historia. Fíjense, tenemos a una niña acostumbrada a ver el Mal en todo lo que le rodea –en sus vecinos, en los que no van a misa, en comer más de lo normal, en no ser educada-, que al llegar a la pubertad empieza a sentirse atraída por una amiga. Comete el error de contárselo a su madre y… ahí se lía la marimorena. Todos se escandalizan. El pastor la ridiculiza públicamente, la congregación la rechaza, cuchichea a sus espaldas. La carga religiosa de la novela es inmensa, empezando desde el título –en clara referencia a la Biblia– y es así que conocemos un hogar duramente encorsetado por las normas morales y a una niña con debates de adultos, con miedos de adultos. La atmósfera es gris, asfixiante, como respirar humo de un incendio.
            Tiene la autora una forma particular de contar la vida, su vida. Su visión de lo que le rodea es tan especial que parece que tuviera un sexto sentido el súper poder de ser original, de fijarse en lo que nadie se fija. Es quizás cosa de los genios o de los que han sufrido demasiado: ella se ha debatido siempre entre su sentimiento religioso y sus impulsos amorosos: dos fuerzas irreconciliables. Repudiada por su entorno por culpa de sus pecados, su obra está llena de tormento, de una pena subterránea. Aun así, su prosa es limpia y armoniosa, con cierto eco clásico, pero con intención permanente de explorar y de meterse en terrenos desconocidos. Winterson se agarra a la literatura como parte de ella misma, como única forma de sobrevivir a sus demonios, porque ella tiene muchos.
            Fruta prohibida es un choque entre dos trenes a toda velocidad –el de la intolerancia religiosa y el de la libertad sexual- en el cuerpo de una niña y una adolescente. En esta novela, con clarísimos tintes autobiográficos, la autora plantea una cuestión que se repetirá a lo largo de su obra: la marginación por parte del propio entorno, el rechazo de los más cercanos, la sensación de que no merece amor. ¿Y todo a causa de qué? De su lesbianismo, de su homosexualidad. Y en estas páginas palpita su dolor, uno amplio y profundo, uno que aún sangra y que se hace arte al transformarse en palabras. Y no olviden su nombre: Jeanette Winterson. Por cierto, qué delicadeza, qué delicia los dibujos de Ana Juan, qué sugerentes.