lunes, 19 de junio de 2017

Azul de medianoche


Holanda, 1654. Es el siglo de oro neerlandés, el tiempo de las ideas de Spinoza, cuando el arte de Vermeer y Rembrandt florece junto a los tulipanes que salpican de color la campiña holandesa. Allí, en una granja, Catrijn, nacida y criada en la pobreza, vive infelizmente casada; sin embargo, son tiempos de cambio, también para las mujeres. Tras enviudar, Catrijn sabe que ha llegado el momento de afrontar por sí misma el mundo que la rodea: buscar fortuna en la ciudad, acaso enamorarse y, por qué no, perseguir su gran sueño: llegar a ser decoradora de cerámica. Comienza así un recorrido que la lleva a la gran Ámsterdam y a las fábricas de cerámicas de la ciudad de Delft; lugares donde transcurre la historia y en los que las mujeres valientes como ella son capaces de forjar su propio destino.

Hay cosas, personas, situaciones imbatibles para contagiarnos armonía, para calmarnos y dejarnos en un estado parecido al bienestar: un amigo que habla bajo y dulce, el tacto de la seda en las mejillas, un cuadro de Sorolla o de Vermeer, una playa en otoño y, por supuesto, leer Azul de medianoche. Sí, la novela que publica ahora Duomo Nefelibata y que está escrita por Simone Van Der Vlugt es como darse un baño de agua tibia rodeado de velas: una historia sin grandes sobresaltos y sin acciones explosivas, sin persecuciones y sin muertes truculentas, pero de una suavidad y una ternura que hacen sentir cómodo, que se disfruta como una caricia en la piel. Ambientada en Holanda a mediados del siglo XVII –qué época, ese florecimiento del arte y el comercio–, puede recordar a ese gran éxito que fue La casa de las miniaturas, pero ésta tiene un Je ne sais quoi irresistible, que no consigo ver de dónde viene, pero que es como un aura que se contagia. Es ésta la historia de una mujer que se mancha las manos con colores, es una historia sobre el amor y el arte.
            Catrijn es la protagonista de este Azul de medianoche, una mujer diferente, adelantada a su tiempo y, posiblemente, el gran valor de esta novela. ¿Por qué? Porque se convierte en una heroína en el momento en el que decide luchar por su felicidad, y dinamitar esas convenciones sociales de casarse y someterse al marido. Fíjense si es una mujer única que conocemos su afición al arte, su inteligencia manifiesta, la forma de enfrentarse a los problemas. La protagonista no podría brillar tanto sin un escenario a su medida, y es aquí donde la autora, Simone Van Der Vlugt, despliega sus encantos: es capaz de meternos en la época y en el lugar, se centra en lo cotidiano, en el día a día, en los pequeños detalles, ¡y eso se agradece! Qué sutil todo, qué delicado a la hora de hablar de ese interesante contexto en el que el negocio de la cerámica vive uno de sus mejores momentos y se hace popular en toda Europa. Entramos en los talleres de los pintores, en el horno de los ceramistas, en el cuarto de los pinceles y los bocetos. ¡La vida es más bonita rodeada de arte! Esta historia se enmarca en el género de las novelas costumbristas en la que lo que pesa es ese entorno, poblado también por personajes reales, como Rembrandt, que tiene un diálogo muy curioso con la protagonista.
La autora demuestra que no necesita grandes giros de guion ni tampoco increíbles vueltas de tuercas para construir una historia interesante y suave, que mantiene pegado al lector porque las páginas se van pasando casi sin darnos cuenta, como se acaricia la seda. Además, está escrita con una tremenda sensibilidad: las frases como pinceladas, van dibujando un lienzo luminoso y estimulante, un paisaje carismático que llena los ojos, que provoca cosas. Y frente a los personajes –aparte de Catrijn, el resto son secundarios, sin grandes descripciones, presentados con trazo gordo-, está el arte, en especial la pintura y la cerámica, que viven un momento dorado en los Países Bajos en el siglo XVII. ¡Qué ganas de ir a Amsterdam!  
            Azul de medianoche es un color carismático, es casi la llegada de la noche y el umbral de la felicidad, pero sobre todo es un homenaje al arte y a las mujeres que, desde el anonimato, fueron valientes y desafiaron las normas establecidas. Simone Van Der Vlugt nos cuenta una historia sobre esas heroínas que no aparecen en los libros de historia, pero que contribuyeron al cambio del mundo, que lucharon por lo que creían. No es más que un viaje iniciático para buscar eso tan esquivo como la felicidad. Y aquí están la pasión, la belleza y, cómo no, el amor. Asómense a la ventana y busquen este Azul de medianoche: una brisa en estos días de bochorno, una historia amable en una época de retorcidos argumentos. 

2 comentarios:

  1. Hola, no conocía tu blog, pero desde ahora ya tienes una nueva seguidora.

    No es el tipo de libro que suelo leer pero me lo apunto para cuando me apetezca leer algo distinto.

    Gracias por la reseña.

    Si te apetece conocer mi blog te espero en: Bibliotecaria recomienda…

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  2. Lo he leído hace muy poquito y en líneas generales me ha gustado. Lo que me ha faltado es conectar un poco con el personaje.
    Besotes!!!

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